viernes, 11 de agosto de 2017

¿Cómo nuestra educación reproduce el modelo de sociedad?

Los métodos de enseñanza han obviado procesos y estrategias constructivistas, naturalizando formas de enseñar orientadas a aprender mecánicamente,
Rafael Lucio Gil *
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Todo hace pensar que la ciudadanía valora la educación como clave fundamental para lograr una sociedad democrática y justa, lo que remite a pensar que no está satisfecha del modelo actual vigente. ¿Pero es nuestra educación generadora de cambios sociales, o simplemente reproduce el modelo de sociedad que tenemos?
Numerosos autores en la sociología (Baudelot, Establet, Bourdieu, Passeron, Berstein, Aple, Giroux, y otros), nos ayudan a comprender determinadas redes implícitas y normalizadas, mediante las cuales los sistemas político y educativo, de común acuerdo, logran imponer un sistema de estrategias poderosas, pero inadvertidas y naturalizadas, a través de las cuales se tejen estrategias efectivas para lograr que la educación reproduzca, hábilmente, el modelo de sociedad que requiere el sistema político.
La violencia simbólica sintetiza esta intencionalidad de los procesos, normativas, contenidos de aprendizaje y demás mecanismos educativos de coerción e imposición, revestidos de una habilidad extraordinariamente exitosa, para que todo ello sea visto como natural, normal y hasta necesario.
Esta violencia simbólica acaba violentando todo el quehacer educativo, en honor al logro de lo que el sistema político demanda, de manera implícita, normal y natural, obrando como categoría principal educativa, capaz de dirigir todos los procesos clave que rigen y concretan el modelo educativo.
De esta forma, las políticas educativas en su interpretación interesada muestran expresiones específicas al llevarse a cabo. Imperará sobre ellas, en todo momento, el interés político por encima de la realidad de su concreción efectiva. Los resultados de las mismas, quedarán a merced de estos intereses, ocultando o sobrevalorando resultados estadísticos a la población y, de manera particular, impidiendo que se realicen investigaciones científicas que analicen los indicadores y datos educativos que aporten recomendaciones.
Se anula, así, el valor de la transparencia ante la sociedad, evitando que esta tome conciencia de la problemática educativa  y de su necesaria participación. Como respuesta, se emite a la sociedad un discurso genérico, nada claro, ocultando los principales males a superar. Esta violencia que disimula y oculta la realidad, tiene como respuesta, la versión de que todo está bien, acabando la sociedad por aceptar como  normal la situación.
El currículum, corazón del modelo educativo, en la práctica acabó por desfigurarse en sus principios, ejes, contenidos y competencias, trastocando principios humanistas  por otros. Las competencias y capacidades que se deberían desarrollar, acabaron diluyéndose, convertidas en simples conocimientos sin comprensión, habilidades ni valores, aun cuando la competencia demanda integración efectiva de esos componentes. La riqueza esperada de las competencias, se reduce a conocimientos formales sin aplicación útil, habilidades ni valores. En suma, conocimientos desconectados de la realidad social, que amerita ser analizada con pensamiento crítico, quedan extraditados el pensamiento crítico y la autonomía de decisiones. Así, el currículum se convierte en el mejor instrumento reproductor de un modelo social, en el que predominen ciudadanos sin pensamiento propio, divergente, cuestionador de la realidad, buscadores de soluciones y cambios.
Los métodos de enseñanza han obviado procesos y estrategias constructivistas, naturalizando formas de enseñar orientadas a aprender mecánicamente, sin racionalizar ni poner en cuestión lo que se aprende. Desde este mecanismo de imposición inadvertido por docentes, padres de familia y estudiantes, los efectos se traducen en repetición memorística de conocimientos, ausencia de competencias, capacidades frustradas, falta de pensamiento divergente y juicio crítico. En suma, irrelevancia de lo aprendido, sin utilidad ni valor agregado en cuanto a iniciativa, creatividad e innovación: panorama perfecto para reproducir el modelo social, obediencia ciega a orientaciones, disciplina, democracia fallida en honor al pensamiento único.
El personal docente, llamado a generar nuevas ideas educativas y pedagógicas, acaba circunscribiéndose a una obediencia ciega, pensando más en el plano político que en el educativo, disciplinado, obediente, replicador efectivo de este estado de cosas con el alumnado. El círculo se cierra con una gestión educativa centralizada, en que directores, técnicos y delegados, han perdido el derecho a descentralizar, decidir y tomar otra iniciativa que no sea la orientada. Tenemos el cuadro perfecto para un pensamiento disciplinado y disciplinador, sin ventanas posibles a la innovación educativa.
El empresariado interesado en crecer y producir riqueza, continúa estoicamente recibiendo fuerza de trabajo obediente pero nada capaz. Frente a esta perspectiva activa y naturalizada, la violencia simbólica cumple su papel efectivo, generando sujetos disciplinados que atienden consignas y orientaciones únicas, cumplidores de lo que otros piensan y deciden. Su precaria formación en capacidades y pensamiento argumentativo y crítico, le sirve perfectamente a un sistema social que demanda un solo pensamiento y acción; con su conciencia acallada, todo listo para reproducir perfectamente el modelo de sociedad injusto y desigual, abriéndose brechas insalvables que la separan de la auténtica democracia.
¿Queremos transformar este modelo social? Entonces démonos prisa en transformar la educación.