Rafael Lucio Gil *
Es
más fácil y cómodo asumir la realidad visible sobre la educación y el
desarrollo. No someterlos a examen acarrea los problemas ya crónicos,
aun siendo tales conceptos obsoletos. Aún es peor, cuando tratamos de
temas trascendentales poco comprendidos, por lo que naturalizamos
realidades como la educación y el desarrollo, realidades visibles pero
opacas por encubrir claves fundamentales.
Desde el realismo crítico de la sociología, la realidad de
la Educación y el desarrollo debe ser examinada en tres planos
complementarios, integrales: la realidad sensible, realidad como proceso
y realidad mostrada por los mecanismos que develan lo oculto.
Cuando esta realidad se problematiza, logramos desentrañar
sus auténticos significados, generalmente ocultos. El caso de la
educación es singularmente grave, tomando en cuenta que su realidad
visible no puede ser percibida por la sociedad, por la ausencia de
estadísticas transparentes y accesibles. Ello vuelve imposible para la
sociedad comprender qué es, cómo funciona, qué procesos sigue y qué
mecanismos utiliza para encubrirse y que deben desentrañarse. Esto
explica que la sociedad no se comprometa a comprender la auténtica
realidad de la educación, ni en participar en su transformación. La
falta de datos, procesos y resultados no posibilitan que la sociedad
descifre qué modelo de desarrollo tiene el país, confundiendo e
identificando la realidad del crecimiento económico con un modelo de
desarrollo neoliberal e, incluso, con el modelo de desarrollo humano,
cuyo objetivo pone su centro en las personas, no en la ganancia ni el
mercado, sino en superar las desigualdades.
Cuando los centros de pensamiento, instituciones públicas y
privadas, organizaciones y movimientos sociales promueven el pensamiento
crítico desde posiciones científicas, con recursos metodológicos
científicos, la educación y el desarrollo se develan como son, con sus
logros, desafíos y falacias. Es este modelo de investigación que refleja
la realidad en todas sus dimensiones, muy distante de la realidad
aparente. Posibilita comprender estas dos realidades en lo aparente, en
lo que ocultan, en sus procesos y mecanismos que utilizan para encubrir
sus intencionalidades reales.
Siendo así, el análisis dejaría al desnudo dos realidades,
que si bien debieran retroalimentarse mutuamente, continúan separadas y
caminando en sentidos contrarios. Por una parte, la educación, centrada
en sí misma, desoyendo las demandas del país. Nadie duda de los
esfuerzos que hace su institución rectora, sin embargo la brecha que la
separa de las necesidades se está agrandando. Ni siquiera es capaz de
brindar al modelo de crecimiento económico graduados funcionales para el
crecimiento económico, necesario pero insuficiente. Tampoco responde a
un modelo de desarrollo económico, pues genera pobreza, riqueza
desmedida concentrada en pocos y grandes desigualdades.
Los bajos
niveles de calidad de los bachilleres reflejan desarrollos precarios de
capacidades lingüísticas, científicas, humanas, ciudadanas, cívicas, de
reflexión y pensamiento crítico, argumentación, convivencia y
empleabilidad. Tales resultados educativos no responden al crecimiento
económico, tampoco a un modelo de desarrollo económico, y menos al
modelo de desarrollo humano del que la Educación está muy alejada.
Esta educación responde a un paradigma curricular de
disciplinas desarticuladas, cada día incrementadas (emprendimiento,
medioambiente, cambio climático, entre otras), con claros matices de un
paradigma técnico centrado en cumplir requisitos vacíos de significado,
sin organización de contenidos con base en ejes curriculares, y faltos
de direccionalidad educativa con mirada de desarrollo humano. Ni
responde a un paradigma curricular hermenéutico, centrado en comprender a
la persona en su integralidad y derechos, inclusivo, participativo.
Menos que el paradigma curricular se reflexivo-crítico-transformador,
capaz de desarrollo capacidades para cuestionar la realidad, a partir de
un pensamiento divergente, comprometido con la transformación social.
Es necesario transformar radicalmente la educación y su
currículum articulado con mirada de desarrollo humano, que prepare en
capacidades científicas, ciudadanas, éticas. Un currículum cuyos
contenidos sirvan en el aula para contrastar con la realidad de la
problemática económica, ambiental, ciudadana y social. Que los
contenidos de enseñanza desarrollen capacidades de reflexión y
pensamiento crítico, cuestionando la realidad del país a partir la
discusión de contenidos curriculares reales.
Esperamos que este desarrollo del pensamiento divergente y
crítico se constituya en el mejor dinamizador del desarrollo humano,
movilizando conciencias de lucha contra la injusticia y las
desigualdades; con compromiso certero de contribuir a transformar la
sociedad y sus relaciones de solidaridad como comunidad humana diversa,
equitativa, que se respeta y respeta a los demás. Se demanda concertar
un modelo curricular y de enseñanza-aprendizaje, que provoque
transformación de las personas, sus relaciones y entorno social. Hasta
ahora, ha sido el modelo de desarrollo el que impone el modelo de
educación que necesita, pero es necesario invertir la lógica: ¿por qué
no deba ser la educación que plantee desafíos y retos de transformación,
en función de un desarrollo de rostro humano?
Ph. D. Ideuca.
31 de mayo 2017
miércoles, 31 de mayo de 2017
miércoles, 5 de abril de 2017
La participación educativa, fuente de innovación y calidad
Rafael
Lucio Gil *
- 05 Abril 2017 |
Una de
las diferencias entre la educación tradicional y moderna, reside en la participación
social. Las reformas educativas que cuentan, desde su inicio, con consulta y
participación de amplios sectores institucionales y sociales, muestran tener
éxito en sus resultados.
Cuando,
por el contrario, los modelos educativos y sus reformas son impuestos por un
sector, la implicación de los actores, en su concreción, es ignorada. En
consecuencia, su grado de conocimiento, responsabilidad e implicación serán
sumamente pobres.
Las
Cumbres, Conferencias y Acuerdos Mundiales en educación, reconocen que los
gobiernos son los responsables de dirigir y gestionar la educación, pero
también recuerdan que, cuando todos los actores institucionales y sociales se
sienten implicados y comprometidos, participando en los procesos y resultados,
tanto mayor serán las oportunidades de mejorar su calidad y capacidad
innovadoras.
Esta
implicación social amplia desarrolla y cuenta con la “inteligencia compartida”,
provocando estallidos de demandas, propuestas e iniciativas a quienes, por ley,
dirigen la educación nacional. Ello demanda suficiente humildad de la
institución para reconocer y superar limitaciones, errores y dificultades,
infundiéndole la sabia revitalizadora necesaria y permanente. Supone superar la
tentación de la fácil sospecha, la visión de fantasmas políticos y la
descalificación. Mientras tales miedos al pensamiento divergente y propositivo
persistan, la gran perdedora seguirá siendo nuestra educación y el país en sus
esfuerzos de transformación.
En la
media que se cercena esta posibilidad y potencialidad de la participación
amplia, se genera enquistamiento y endogamia, impidiendo toda posibilidad de
vitalizar, actualizar e innovar los procesos educativos, impidiendo procesos
auténticos de calidad. Nunca la exclusión de amplios sectores en la educación
ha sido ocasión de mejora educativa; la arrogancia educativa, siempre trae
consecuencias perniciosas, no solo a la educación, sino al desarrollo del
país.
Necesitamos
que estos procesos de interacción y participación social e institucional se
constituyan en catalizadores y dinamizadores, entre el modelo educativo que
queremos, y el modelo de desarrollo que concertemos. En tanto esta relación, ya
perdida, no la logremos recuperar, continuaremos empeñados en un modelo de
desarrollo que se engaña a sí mismo, mientras la educación continuará en
solitario, constituyéndose en el problema, no en la solución.
Esta
interacción y participación se hacen indispensables, para que la transformación
del modelo de desarrollo tenga solidez, sostenibilidad, afincado en pilares
sólidos. Los aportes de las mayorías a la educación y al modelo de desarrollo
que pretendamos, se convierte en fuente de responsabilización colectiva,
compartida por todos los agentes del país. En esta concertación
contrahegemónica legitimadora, más allá de las élites hegemónicas, residirá la
fuente del poder transformador del país, desde un rostro humano, justo e
inclusivo, con capacidad innovadora invaluable.
Si es
importante la implicación de actores externos al ámbito educativo, también lo
es la participación libre, responsable y reflexivo-crítica del magisterio
nacional. Hasta ahora, este responde a una perspectiva eminentemente
instrumental, aplicativa; ha perdido la esencia movilizadora de su actividad
pedagógica desde una perspectiva reflexiva, crítica, cuestionadora y
transformadora.
Ha
quedado convertido en inofensivo, cumplidor de mandatos, sin capacidad de
pensar distinto. Solo su participación amplia, documentada y reflexivo-crítica,
podrá transformar sus prácticas, movilizando sus imaginarios y representaciones
sociales-mentales, y reencantando su vocación propositiva, innovadora. Se
convertirá, así, en actor clave y pensante; con capacidad de establecer
conexiones fructíferas entre el currículum normado y aséptico y las realidades
situadas de los contextos deprimidos en que enseña.
Padres y
madres de familia, adormecidos por la droga de la incomunicación y aislamiento
educativos, han normalizado una educación con rendijas profundas que derraman
al vacío lo más valioso que debieran aportar a una educación de calidad. Esta
normalización, sin conciencia de su enfermedad educativa, les impide
reflexionar críticamente, y despertar de este somnífero que les aqueja.
Será esta
participación activa y beligerante en la escuela, superando los formalismos y
adormecimiento actuales, la que podrá remecer el modelo educativo actual.
Superar este acomodamiento y “zona de confort”, aportará a la educación
aires nuevos no contaminados, relevando las demandas más elementales de una
educación comprometida con la calidad y el desarrollo, surgidas del contacto
duro con la realidad de sus comunidades.
Por
último, el estudiantado actual navega distraído entre aguas altamente
peligrosas: la ausencia diaria de un ambiente educativo motivador, y el manoseo
de su conciencia con mandatos de pensamiento impuesto, y destinados a obedecer.
En tanto logremos comprender a esta “Generación Z”, centrada solo en las
imágenes, incorporando la tecnología con seriedad; enseñando a analizar,
pensar, emitir juicios críticos; a despertar de los somníferos que entorpecen
desarrollar capacidades y libre pensamiento. Así, su educación desarrollará
competencias para la vida, la familia, la comunidad, el país; en fin, su
desarrollo humano sostenible.
* Ideuca
jueves, 30 de marzo de 2017
Leer y escribir más, para pensar mejor
Rafael
Lucio Gil *
- 30 Marzo 2017 |
Los
resultados de la prueba Terce reflejan resultados obtenidos en los cuatro
niveles de desempeño de la prueba.
Sumando
porcentajes de estudiantes con resultados debajo del nivel 1(muy mal), en el
nivel 1(mal), y en el 2(regular), obtenemos estos totales: En lectura y
escritura de tercer grado, el total es 84.66%; en lectura y escritura de sexto
grado, 69.31%; en matemáticas sexto grado, 80%; y en matemáticas tercer grado,
87.76%. Esto muestra resultados de muy baja calidad.
Múltiples
investigaciones realizadas en diversos países han dado seguimiento
varios años en el continuum educativo, a estudiantes que no cursaron
preescolar. Todas advierten caminos sinuosos, de bajo rendimiento, repitencia y
abandono escolar. Las neurociencias muestran que, estos estudiantes, pierden
una oportunidad clave para construir su base neurológica fundamental, la que
nunca desarrollarán o lo harán pobremente en su recorrido educativo. Esto ha
animado a muchos países a adoptar políticas efectivas para lograr que el cien
por ciento de la niñez en edad acceda al preescolar.
Al
respecto, nuestra experiencia en Ideuca muestra que los estudiantes que en
primer y segundo grado no aprenden a leer y suben de grado (hay numerosos casos
en 3° y 4° que no saben leer ni escribir) no logran ser exitosos y pronto
abandonan la escuela. Aquí reside el foco de infección del analfabetismo.
Quienes fracasan y abandonan, “expulsados” por estas condiciones adversas, en
pocos años serán analfabetas, siendo los principales recicladores de la
pobreza en sus futuras familias.
Nicaragua
es multicultural y multiétnica, no obstante, sus currículos emanan de un enfoque
monocultural hegemónico, sin voluntad de diálogos interculturales, ni
sensibilidad para percibir que, en la escuela pública, la gran mayoría de
estudiantes proviene de una cultura popular muy distante de la cultura
hegemónica. Esto provoca un choque frontal silencioso, sufrido en soledad
por la niñez, entre los códigos lingüísticos de este currículum hegemónico y
los códigos lingüísticos de miles de estudiantes de la cultura popular y
étnica. Esto reclama una “ecología de saberes”, ese diálogo fructífero y
respetuoso que deben promover el currículum y los métodos de enseñanza.
La
enseñanza con nuevos métodos demanda, también, calidad humana, cercanía,
empatía y emotividad positiva por parte del docente, enriqueciendo el número de
neuronas con nuevas sinapsis y redes neuronales y ensanchando prodigiosamente
la plasticidad del cerebro. La niñez es sensible a docentes cercanos,
empáticos, animadores, facilitadores, capaces de encender la emotividad con
actividades de aprendizaje pertinentes. También el ambiente letrado del centro
educativo y del entorno familiar contribuyen a este enriquecimiento del
cerebro. Cuando este ambiente se enriquece, no con panfletos sino con estímulos
educativos, científicos, artísticos, éticos y axiológicos, de forma amena y motivadora,
se logran aprendizajes cerebrales, enriqueciendo el entramado nervioso con
redes neuronales, ampliando su capacidad cerebral.
Unido a
lo anterior, se demandan actividades de aprendizaje que reten la imaginación,
creatividad y búsqueda de soluciones, lo que generará desarrollo de capacidades
y competencias, y mayor plasticidad cerebral. No ocurre esto en las aulas; al
contrario, prevalece la repetición mecánica memorística.
El
desarrollo del país necesita desarrollos cerebrales, con aprendizajes que superen
la mera comprensión y asimilación tradicional, con capacidad para idear
soluciones con creatividad e iniciativa, y nuevas formas de aplicar
conocimientos a situaciones del contexto. Ello demanda un cambio radical de
métodos de enseñanza, con actividades de aprendizaje que reten a pensar
creativamente a buscar soluciones a problemas prácticos y contextualizados. No
resolvemos el aprendizaje con más asignaturas nuevas, sino convirtiendo el
currículum en ejes problémicos, en torno a los cuales giren conocimientos,
competencias y nuevas sensibilidades temáticas, como el cambio climático,
cultura de paz, medioambiente, emprendedurismo, etc.
Lo dicho
también nos enfrenta a un problema endémico que atraviesa el país en todas sus
venas. Se trata del déficit en fluidez, comprensión lectora y escritura madura,
que afecta los resultados en todo el entramado educativo. El hábito de la
lectura es, aún, un producto extraño. Cuando no se lee, la plasticidad cerebral
se detiene, el nivel cultural se empobrece, la capacidad de pensar y argumentar
se entorpece. El pensamiento lógico y crítico se encoge, afectando la ecología
cognitiva desde la niñez.
Necesitamos
reencantar al país, comprometiéndolo con la pasión por la lectoescritura, savia
que recorra las venas de toda la sociedad. El adultismo impide que las lecturas
no se adapten a la niñez, provocando aburrimiento en la lectura y escritura,
prefiriendo el uso de la tecnología no como medio de aprender leyendo y
escribiendo correctamente, sino para utilizar las redes como distracción.
Aprovechar estas como un medio de enseñanza y aprendizaje es, aún, un reto
educativo.
* PhD.
Ideuca.
lunes, 27 de febrero de 2017
El desarrollo del país demanda otra educación (3)
Rafael Lucio Gil *
Este tercer
artículo cierra una reflexión propositiva sobre el tema. Nos centraremos
en varios aspectos que consideramos de primer orden, en la dinámica de
la transformación que requiere nuestra educación.
La educación merece ser tratada como un derecho humano de todos para superar un modelo cómplice y gestor de desigualdades. Ello demanda un presupuesto que, progresivamente, se acerque al 7% del PIB. En los últimos años, mientras crece significativamente el PIB del país, paradójicamente, el porcentaje destinado a educación básica y media es recesivo. Exige que el Estado cumpla, no solo con el presupuesto necesario, sino también con los indicadores que se desprenden de las 4A planteadas por Naciones Unidas: Asequibilidad, Accesibilidad, Aceptabilidad y Adaptabilidad.
Este derecho conlleva incorporar nuevas sensibilidades que emanan de la evolución de la problemática social y cultural. Se debe expresar en la inclusión en la escuela, sin distingo alguno de niños y niñas, priorizando sectores históricamente olvidados. Este derecho también incluye nuevos conocimientos o sensibilidades educativas, tales como: medioambiente, cambio climático, emprendimiento, violencia escolar, nueva masculinidad, etc.
Esta dinámica cambiante pide que la interculturalidad penetre en la escuela, como nicho desde el cual se logre gestar una cultura de respeto, intercambio y enriquecimiento entre la riqueza cultural que preside la multicultural del país. Ello debe contribuir a transformar la cultura hegemónica que impone una educación desde la perspectiva dominante, en una cultura capaz de dialogar comprendiendo la cultura popular; con un currículum dialogal y respetuoso hacia las demás culturas, logrando que los códigos lingüísticos culturales dominantes sean capaces de dialogar comprendiendo los códigos lingüísticos de las mayorías pobres en la escuela pública.
Esta nueva educación ha de superar la visión de la comunidad educativa para transformarse en comunidades de aprendizaje. La primera encierra a la escuela en sus muros con sus actores tradicionales, mientras la segunda vence los muros invisibles proyectándose a la comunidad con múltiples facetas educativas y programas de educación no formal e informal, e incorporando al centro educativo a múltiples actores intergeneracionales, capaces de proyectar sus saberes empíricos y culturales en la escuela formal.
Dentro de este derecho, el país tiene con la educación rural una deuda histórica no superada hasta hoy. Sus particularidades demandan otro currículum, diferentes modalidades organizativas de acuerdo a sus contextos estacionales productivos. Sus enormes desigualdades sociales y educativas vergonzosas con respecto al ámbito urbano, junto con todos sus indicadores educativos, merecen ser superados.
La calidad de la educación y la formación docente desde este derecho, deben ir abrazados. Pretender la primera sin la segunda, será en vano. Varios son los desafíos al respecto: concertar el modelo de calidad con indicadores claros, ubicar en primera fila al docente con calidad de vida y reconocimiento salarial y social apropiado a su profesión; un Plan Nacional de Formación Docente que incorpore una perspectiva epistemológica centrada en la reflexión crítica y la innovación. Tanto las Escuelas Normales como las Facultades de Educación están llamadas a replantearse drásticamente el modelo de formación docente actual. Los textos escolares nacionales representan un buen avance, pero requieren mejorar su calidad científica y didáctica, y eliminar cualquier vestigio político partidario.
Este derecho se interrumpe drásticamente, cuando la niñez no logra desplegar capacidades lectoras y de escritura con fluidez y comprensión. Transformar esta realidad, demanda nutrir los centros con bibliotecas pertinentes y actualizadas, superar el adultismo adaptando las lecturas a los intereses y niveles de la niñez, desarrollando una vocación lectora que irrumpa en la vida nacional.
Este derecho encuentra en la tecnología para todas las escuelas, el mejor socio para potenciar la enseñanza y aprendizaje. Superar sus brechas, abrirá nuevas rutas al cumplimiento de este derecho. También la educación técnica, sumamente reducida en comparación con las necesidades del desarrollo, debería ser la mejor aliada del desarrollo empresarial y las Mipymes, en particular. Tal transformación merece irrumpir en los medios de comunicación, para cambiar la cultura familiar negativa, al respecto, motivando a muchos jóvenes a llamar a las puertas de esta modalidad educativa.
El autor es director del Ideuca, y miembro de la Academia de Ciencias de Nicaragua, ACN
La educación merece ser tratada como un derecho humano de todos para superar un modelo cómplice y gestor de desigualdades. Ello demanda un presupuesto que, progresivamente, se acerque al 7% del PIB. En los últimos años, mientras crece significativamente el PIB del país, paradójicamente, el porcentaje destinado a educación básica y media es recesivo. Exige que el Estado cumpla, no solo con el presupuesto necesario, sino también con los indicadores que se desprenden de las 4A planteadas por Naciones Unidas: Asequibilidad, Accesibilidad, Aceptabilidad y Adaptabilidad.
Este derecho conlleva incorporar nuevas sensibilidades que emanan de la evolución de la problemática social y cultural. Se debe expresar en la inclusión en la escuela, sin distingo alguno de niños y niñas, priorizando sectores históricamente olvidados. Este derecho también incluye nuevos conocimientos o sensibilidades educativas, tales como: medioambiente, cambio climático, emprendimiento, violencia escolar, nueva masculinidad, etc.
Esta dinámica cambiante pide que la interculturalidad penetre en la escuela, como nicho desde el cual se logre gestar una cultura de respeto, intercambio y enriquecimiento entre la riqueza cultural que preside la multicultural del país. Ello debe contribuir a transformar la cultura hegemónica que impone una educación desde la perspectiva dominante, en una cultura capaz de dialogar comprendiendo la cultura popular; con un currículum dialogal y respetuoso hacia las demás culturas, logrando que los códigos lingüísticos culturales dominantes sean capaces de dialogar comprendiendo los códigos lingüísticos de las mayorías pobres en la escuela pública.
Esta nueva educación ha de superar la visión de la comunidad educativa para transformarse en comunidades de aprendizaje. La primera encierra a la escuela en sus muros con sus actores tradicionales, mientras la segunda vence los muros invisibles proyectándose a la comunidad con múltiples facetas educativas y programas de educación no formal e informal, e incorporando al centro educativo a múltiples actores intergeneracionales, capaces de proyectar sus saberes empíricos y culturales en la escuela formal.
Dentro de este derecho, el país tiene con la educación rural una deuda histórica no superada hasta hoy. Sus particularidades demandan otro currículum, diferentes modalidades organizativas de acuerdo a sus contextos estacionales productivos. Sus enormes desigualdades sociales y educativas vergonzosas con respecto al ámbito urbano, junto con todos sus indicadores educativos, merecen ser superados.
La calidad de la educación y la formación docente desde este derecho, deben ir abrazados. Pretender la primera sin la segunda, será en vano. Varios son los desafíos al respecto: concertar el modelo de calidad con indicadores claros, ubicar en primera fila al docente con calidad de vida y reconocimiento salarial y social apropiado a su profesión; un Plan Nacional de Formación Docente que incorpore una perspectiva epistemológica centrada en la reflexión crítica y la innovación. Tanto las Escuelas Normales como las Facultades de Educación están llamadas a replantearse drásticamente el modelo de formación docente actual. Los textos escolares nacionales representan un buen avance, pero requieren mejorar su calidad científica y didáctica, y eliminar cualquier vestigio político partidario.
Este derecho se interrumpe drásticamente, cuando la niñez no logra desplegar capacidades lectoras y de escritura con fluidez y comprensión. Transformar esta realidad, demanda nutrir los centros con bibliotecas pertinentes y actualizadas, superar el adultismo adaptando las lecturas a los intereses y niveles de la niñez, desarrollando una vocación lectora que irrumpa en la vida nacional.
Este derecho encuentra en la tecnología para todas las escuelas, el mejor socio para potenciar la enseñanza y aprendizaje. Superar sus brechas, abrirá nuevas rutas al cumplimiento de este derecho. También la educación técnica, sumamente reducida en comparación con las necesidades del desarrollo, debería ser la mejor aliada del desarrollo empresarial y las Mipymes, en particular. Tal transformación merece irrumpir en los medios de comunicación, para cambiar la cultura familiar negativa, al respecto, motivando a muchos jóvenes a llamar a las puertas de esta modalidad educativa.
El autor es director del Ideuca, y miembro de la Academia de Ciencias de Nicaragua, ACN
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