viernes, 20 de marzo de 2015

Urge el encuentro entre educación y medios de comunicación



2 de febrero de 2015 | 05:00:00

Managua, Nicaragua | elnuevodiario.com.ni 



Rafael Lucio Gil / IDEUCA | País
El desencuentro entre educación y medios de comunicación ha trazado una senda histórica larga de vacíos, contradicciones y oportunidades perdidas. Ello coincide plenamente con un paradigma educativo estrecho, empobrecedor y pleno de autosuficiencia, que aún perdura con mucha fuerza. Igualmente está referido a un concepto y práctica de enseñanza y aprendizaje, presos de una educación absolutizada y reducida a la escuela.
Desde las Cumbres Mundiales de Educación de Jomtien (1990) y Dakar (2000), la apuesta por ampliar las perspectivas de la educación formal --escolar-- más allá de sí misma, lanzó la plataforma de las educaciones no formal e informal, como parte necesaria e imprescindible de la educación prevista para nuestro siglo.
A su vez, cada año que pasa, aumenta el convencimiento de que la escuela no puede cargar con todos los compromisos y responsabilidades que se le quieren atribuir. La enorme cantidad de contenidos que aún caracterizan sus currículos es sumamente amplia, lo que provoca una enorme superficialidad e ineficiencia en el qué y el cómo se enseña y aprende, sin que el personal docente se sienta competente para tales responsabilidades. Es evidente que tal realidad demanda, no solo revisar y ajustar los contenidos y competencias curriculares, sino también apoyar al magisterio para que logre actualizarse y prepararse, de manera que logre, al menos, llenar los planteamientos de Jomtien y Dakar.
Es obvio que la escuela continua es importante como escenario más organizado y distribuido en toda la geografía nacional, siendo necesaria su transformación urgente, dirigida en dos ámbitos complementarios: uno, concertando y actualizando el currículum, los métodos de enseñanza y aprendizaje y los medios didácticos indispensables; y otro, articulando estos contenidos armonizándolos con las propuestas que ofrecen las tecnologías de la información y comunicación (TIC‘s).
Con esta perspectiva de educación flexible, abierta y expandible, se ha abierto un nuevo horizonte a la enseñanza y el aprendizaje, tanto en ámbitos formales como no formales e informales. Se demanda, sí, que la escuela proporcione una educación básica fundamental, la que deberá continuar profundizándose “a lo largo de toda la vida” (Informe Delors de Unesco, 1996), abriendo un enorme panorama de escenarios tecnológicos y medios de comunicación, como trampolín impresionante que ofrece múltiples oportunidades, diversos medios de enseñanza y aprendizaje formales, no formales e informales, y enormes potencialidades --aunque también su uso inadecuado presenta peligros y negligencias--.
La educación del país no se debe limitar a la escuela. Es preciso pensarla mucho más allá. No quiere decir esto que debamos dejar de lado la escuela, sino que es preciso potenciarla y articularla con los escenarios de educación no escolares. De hecho, la Ley General de la Educación incluye como uno de los cinco subsistemas educativos la Educación No Formal (no escolar). Tal espacio educativo en el país aparece como algo gelatinoso e inasible, del que nadie responde, totalmente desorganizado y desaprovechado. Esto hace que se continúen utilizando la tecnología y los medios de comunicación, por lo general, sin propósitos educativos.
Los medios de comunicación, que debieran ser los principales aliados de la educación, están presididos por intereses comerciales, amarillistas y sensacionalistas que pisotean de forma sistemática las oportunidades y responsabilidad que debieran tener para contribuir, articulados con la educación formal, a fortalecer derechos humanos, saberes y valores que se inician en la escuela y requieren ser afianzados a lo largo de toda la vida.
Las tecnologías, que ofrecen grandes posibilidades a la enseñanza y el aprendizaje, en la escuela están débilmente e inequitativamente distribuidas, y pobremente utilizadas tanto por maestros y maestras como por el estudiantado. Es más, maestros y maestras, familias y dirigentes educativos aún no parecen caer en la cuenta que estas tecnologías, desaprovechadas en su lado más amable, podrían estar convirtiéndose para muchos niños, niñas y jóvenes, en un claro peligro a su seguridad e integridad física y psicológica. Solo cuando los medios de difusión nos hacen saber algunos casos tristes de abusos y maltrato contra niños, niñas y adolescentes, la sociedad se lamenta, aunque pronto acaba olvidando su responsabilidad educativa al respecto.
Lo dicho quiere transmitir a la sociedad que no es posible realizar transformaciones educativas escolares en solitario al nivel de las instituciones del Estado, si no están presididas por un acuerdo nacional en favor de la educación, ampliamente participativo, en el que estén presentes los medios de comunicación, y en el que todos los sectores adopten compromisos y responsabilidades. Ello posibilitará concertar una plataforma educativa, amplia, flexible, articulada con todas las oportunidades tecnológicas y de los medios de comunicación.

La familia educadora, cimiento de la calidad educativa



La familia educadora, cimiento de la calidad educativa

Rafael Lucio Gil / END

La educación, desde tiempos remotos, siempre estuvo íntimamente vinculada a la familia. Es la familia la primera responsable de hijos e hijas, no solo desde los primeros años, sino a lo largo de la vida hasta que se independicen, debiendo ser la educación su principal énfasis. Esta educación informal, no se basa en las formas de organización y metodología de la educación formal, lo que no por eso es menos relevante y efectiva.
La educación formal, asumida en la historia por el Estado, no reemplaza la educación familiar, por el contrario, la debe complementar. Por ello, la interacción entre educación informal y educación formal, no solo es necesaria, sino imprescindible. Esta conexión íntima entre estas educaciones, requiere que la formal sepa concertar con la familia qué orientación, contenidos y valores debieran presidir la educación escolar. Cuando tal interacción se soslaya, se abren profundas brechas en desconocimiento y desinterés entre las partes, pudiendo conducir a la irresponsabilidad de la familia hacia la educación escolar.
En las últimas décadas estos procesos de aislamiento de la escuela respecto a la familia, se han profundizado. Los intentos de las administraciones educativas para volver a conectar con éxito estos dos mundos, no han sido sostenibles, teniendo consecuencias nada positivas para la educación.
Este alejamiento de las partes, ocasiona tensiones que deben superarse, si queremos que la calidad presida los escenarios escolares. La escuela acusa a la familia por no acercarse y colaborar con la escuela de sus hijos; padres y madres acusan a la escuela de no responder a sus intereses y principios.
Las consecuencias de esta pugna de sentidos dilapidan la calidad de la enseñanza y el aprendizaje. De la enseñanza, porque los currículos se construyen al margen de demandas de la familia, si bien en casos pudieran haber consultas, pero quizás no tomados en cuenta sus aportes. Centros educativos, particularmente privados, realizan asambleas de padres para informar de resultados y culpabilizarles de los malos resultados estudiantiles, pero con poca o ninguna oportunidad de plantear propuestas que pudieran enriquecer contenidos y métodos de enseñanza. El aprendizaje queda, al fin, secuestrado, limitado al determinismo del currículum oficial, desprovisto de los sentidos y significados que los contextos familiar y comunitario podrían aportar.
Varias investigaciones nos muestran claves relevantes que la escuela requerirá aprender y poner en acción. Algunos ejemplos: 1) Por una parte, esta ausencia de interacción necesaria entre las partes hace que la educación escolar vaya perdiendo sentido y motivación suficiente, para que las familias pobres (la mayoría) se interesen por la educación y le den el valor que merece como plataforma de su superación. Mejorar los indicadores de matrícula, acceso y retención, exige recuperar esta relación en términos dialogantes, de escucha de lo que dicen las familias y no solo de recepción de información o invitación.
2) El aprendizaje de la lectoescritura y matemáticas en primaria seguirá siendo deficiente mientras la familia no se convierta en el escenario propicio para que los estudiantes refuercen estrategias potenciadoras de la enseñanza de la escuela. Padres que leen e invitan a leer a sus hijos e hijas, como maestros originarios, o que en coordinación con la escuela, revisan y refuerzan las tareas, que estudian con ellos. El éxito de bachilleres en matemáticas y español en las pruebas de ingreso, están relacionadas con este apoyo directo del entorno familiar.
3) Cuando la familia participa en auténticas y no improvisadas escuelas de padres en el centro educativo, se abren oportunidades para que el desencuentro posiblemente existente en los valores se logre superar, y que el currículum oculto (implícito) de ambas partes pudiera desaparecer.
Esta grave contradicción entre la familia y la escuela, solo el diálogo y la participación activa podrán superarla. Ello nos llama a transformar el paradigma actual de la educación escolar, creando condiciones para construir comunidades de aprendizaje. Ello demanda derribar muros físicos e invisibles, y gestar una educación compartida por la comunidad, no impuesta.
25 de enero 2015


La calidad multifactorial de nuestra educación



18 de enero de 2015 | 00:00:00

Managua, Nicaragua | elnuevodiario.com.ni 


Rafael Lucio Gil / IDEUCA | Opinión

La perspectiva del Derecho a la Educación, ampliamente aceptada en Latinoamérica y en nuestro país, ha evolucionado en los países, desde una focalización exclusiva en la escolarización hacia un interés más genuino en los aprendizajes. Esto ha puesto en el centro de la agenda, la calidad de la educación en términos más holísticos y no restrictivos.
En las últimas décadas, este interés ha pasado de su centración en los insumos para proveer educación (infraestructura, materiales educativos, etc.), a preguntarse por el nivel de aprovechamiento escolar y los resultados académicos.
Esta focalización en los aprendizajes potencializa las capacidades estudiantiles para ejercer derechos y participar en la sociedad con sentido crítico. Hay evidencias empíricas de que tal mejoramiento de la calidad, unido a la escolarización, pueden ser el mejor catalizador del cambio social y superación de la pobreza, mejorando los niveles de desigualdad y aumentando la productividad y el desarrollo (OREAL, UNESCO, 2014).
Hoy esta visión del derecho a la educación, resalta su carácter multidimensional, incluyendo el desarrollo cognitivo, el creativo, el sicológico y el ético, contribuyendo a los propósitos de los objetivos de paz, la ciudadanía y seguridad, e incorporando los valores culturales y espirituales. En este mismo sentido, se expresa el sexto objetivo del Marco de Acción de Dakar, combinando los resultados cualitativos con los cuantitativos.
Estos avances han sido desiguales en la región, particularmente en nuestro país. Los esfuerzos que realiza el Mined al respecto, son muy limitados en comparación con las necesidades acumuladas y actuales.
Dos énfasis caracterizan el esfuerzo por mejorar la calidad de la educación en la región: el énfasis en la formación docente, condición indispensable para mejorar los aprendizajes, y el énfasis en la aplicación de pruebas estandarizadas.
La realidad en Nicaragua en este aspecto tiene un carácter particular, en cuanto se debieran retomar un conjunto de aspectos, ya superados por la mayoría de países: aún está pendiente ampliar los indicadores de escolarización, cubrir la amplia brecha existente en las condiciones físicas y equipamiento básico, generar planes sistemáticos y permanentes de formación docente con modelos actualizados orientados a provocar cambios efectivos en concepciones y prácticas, elevar al nivel de educación superior la preparación de docentes de primaria, superar el empirismo de educación media con planes curriculares actualizados y de calidad, y actualizar los currículos de formación preescolar, básica y media, entre otros.
Tres aspectos poco discutidos y profundizados debieran ser considerados con especial atención en el país: los niveles y la calidad de la formación docente, los insumos básicos requeridos y la segregación escolar. Esta segregación representa un aspecto emergente del que no se habla. Una corriente regional que relegaba la importancia de los insumos para mejorar la calidad, en la actualidad está siendo fuertemente superada. En nuestro país, estos aspectos continúan siendo necesarios y básicos para mejorar la calidad.
En este mismo sentido, las profundas desigualdades que presenta nuestro país, están afectando severamente a la educación pública y su calidad. Esta segregación social priva a las escuelas y las excluye de las condiciones promotoras de una mejora de la calidad: docentes mejor preparados, condiciones favorables de convivencia escolar, acceso a materiales educativos, etc. Tal segregación refuerza la inequidad, restringiendo, así, el capital social, económico y cultural de las familias y multiplicándose estos aspectos para los más privilegiados en las escuelas privadas en la misma medida que se reducen para los públicos (OREAL, UNESCO).
Estas inequidades son incompatibles con la aplicación efectiva de la educación como derecho. Más allá de una mirada restringida del mejoramiento de la calidad educativa en términos meramente pedagógicos, también es preciso tomar nota de las consecuencias que provocan estas inequidades sociales, económicas y del desarrollo de Nicaragua, las que trastocan todo propósito de desarrollo humano del país. Es necesario que quienes tienen la responsabilidad de dirigir las instituciones educativas, tomen en cuenta la trascendencia que esto tiene, y la necesidad de convertir la calidad de la educación, no en un factor de exclusión o segregación, sino de equidad y democratización efectivas.